Pero no, no hay prisa; te duele el corazón al recordar su sonrisa, te duele con razón, pero no, no hay prisa.
Y vuelves a tu casa con la misma camisa, pero con manchas de ron.

dissabte, 10 de gener del 2009

Maldita inseguridad

Ahora, a tan sólo dos meses del final, se me empiezan a remover las tripas cuando pienso cómo será ese día. Y sé a ciencia cierta que será un día importante para mi, porque los días de cambio afectan demasiado a los que sobrepasamos ciertos umbrales de sensibilidad. Estoy tan segura de que lloraré. Para lo que muchos supone la liberación de una carga que llevan arrastrando cuatro años, para mi supone quedarme sola delante de un temible precipicio. Sola y lo peor, insegura. Debo cruzar esa puerta, ya lo sabía. Lo se desde que tengo uso de razón, tan sólo es un paso, una zancada que nunca creí fuese tan compleja. Pero no me queda otra, avanzaré. La estancia que dejo ya me entorna la puerta y yo quedo fuera. ¿Dónde iré ahora? me pregunto. Y no es el lugar lo que me preocupa, soy yo. Y sé que no hay nada peor que dudar de uno mismo. Se que así no llegaré lejos, se que me tengo que llenar de fuerza para superarlo pero nesito ayuda y nadie se da cuenta. Y es curioso, demasiado charlatana a veces y a la vez una tumba con mis preocupaciones, con mi dolor, con mi pena. Seguramente muchas de las personas de las que necesito ese apoyo no se pasarán por aquí, no sabrán lo que me ronda, lo que me aflige. Por eso sé que estoy sola ante la vida. Por eso veo ese precipicio y por eso sé que sólo yo misma lo puedo saltar.



Ante el recuerdo de tiempos pasados sólo puedo pensar que en unos años quizá esto sea una mínima preocupación. Así lo veo ahora cuando puedo ver en las fotografías aquellos momentos tan decisivos que quedaron grabados en la película y que hoy me sacan una sonrisa cuando les veo. Espero que así vaya ocurriendo con mi vida, pero dudo. Ya pasaron esos años en los que mi mente sólo tenía hueco para cromos, Punky y macarrones. Ahora es distinto. Temo que ahora nadie me ayude, nadie me apoye y yo no sea lo suficientemente fuerte.

El miedo me invade y la cosa no ha hecho más que empezar. ¿Cuántas decepciones me quedan por sufrir?, ¿Cuántos palos me dará la vida? Llega la hora de salir de aquí, de abandonar lo que conozco, mi refugio, mi vida. Y quiero hacerlo, estoy dispuesta a aguantar, a sentir, a conocer, incluso a volver si no logro llegar a la otra orilla. Pero no volveré hasta que no pueda más. Sólo necesito saber que habrá algo al otro lado que me espere, que me depare días de gloria, de alegría y de mi ansiada felicidad. Pero mi futuro está inmerso en una espesa nube que no me deja verlo, ni siquiera intuírlo y eso me frustra. Necesito saber que puedo llegar a esa niebla y conseguir algo que me llene, que me realice. Pero no acabo de confiar en mis posibilidades y eso me perjudica. Hace que el espíritu que llevo dentro se haga más pequeño de lo que es, más simple y conformista. Y eso me mata.

Tan solitaria para unas cosas y tan dependiente para otras. !Qué vida¡. Sólo espero que un día me llegue esa fuerza que ahora tanto necesito. Entonces, espero dar un salto tan grande que me lleve a la vida feliz que tanto deseo.