La muerte tiene un modo curioso de alterar las prioridades.
Desde los principios de los tiempos, la preocupación más grande del ser humano ha sido la muerte. ¿Quien no ha pensado alguna vez como y cuando moriría? ¿Quien no ha visto en la televisión noticias de atentados y accidentes en los que hay victimas mortales? Y lo peor de todo, ¿quien no ha sufrido alguna vez la perdida de un ser querido?
El ser humano, desde que nace hasta que muere, no quiere sentirse solo. A medida que una persona va creciendo, conoce a gente nueva, a nuevas personas. Algunas de esas personas pueden llegar a ser muy importantes en nuestras vidas, porque nos hacen sentir bien y nos transmiten confianza y tranquilidad, nos transmiten lo que necesitamos para llenar el vacío. Y sin darte cuenta, te aferras a esa persona sin pensar que, en cualquier día, se puede ir sin decir adiós.
De un día al otro, una de las personas más importantes en tu vida, se va. Puedes llorar y gritar hasta que no puedes más, puedes preguntarte mil veces porque, puedes no creerte-lo, puedes quedarte solo... Da igual lo que hagas, no servirá de nada. El ser humano se desvanece ante la muerte de un ser querido, y es que, sinceramente, es lo peor que le puede pasar.
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