Pero no, no hay prisa; te duele el corazón al recordar su sonrisa, te duele con razón, pero no, no hay prisa.
Y vuelves a tu casa con la misma camisa, pero con manchas de ron.

dimarts, 14 d’abril del 2009

Sus lágrimas eran cada vez más abundantes. Caían sin descanso mojando sus piernas. Respiraba con fatiga, le faltaba el aire, su pecho subía y bajaba sin compás. A veces, se le cortaba el aliento y transcurría uno o dos segundos antes de que lo recuperara de nuevo. Temblaba.
Me veía en un espejo.