Pero no, no hay prisa; te duele el corazón al recordar su sonrisa, te duele con razón, pero no, no hay prisa.
Y vuelves a tu casa con la misma camisa, pero con manchas de ron.

dimarts, 14 d’abril del 2009

Hay cosas que uno no puede hacer solo. Discutir, subirse y sujetar una escalera a la vez o doblar una sabana de esas de cama de matrimonio. Yo toda mi vida he pensado que lo ideal era vivir en pareja, por muy extraña que fuera la pareja. De echo, hay parejas que acaban convirtiéndose en trios. Parejas que se van quedando sin pareja porque no se puede evitar el miedo a no estar a la altura. Hay parejas que son imposibles por definición, por historia y por física, aunque no por química. O parejas en que la química se ha ido gastando aunque sigan compartiendo una familia. Familias donde, en algun momento, hubo una pareja. Parejas que fueron en algun momento, y ya no son nada. Y eso es lo que más miedo da en la vida, cuando la pareja se rompe, sea por lo que sea. La primera sensación que se tiene es de panico, un miedo atroz al canvio, a la perdida de control sobre nuestras vidas. Un miedo atroz a estar solo, pero cuando se llega a esa soledad uno se da cuenta de que la ruptura puede llevarnos a un lugar mejor. Hoy es el primer día de el resto de mi vida. Porque desde hoy, creo que lo más importante en esta vida es saber volar solo.